Valle de Lerma (Salta)

Es un extenso valle, ubicado en la zona central de la provincia, donde está situada la ciudad de Salta, capital de la provincia del mismo nombre.

Posee un clima de tipo serrano subandino, con una marcada estación seca que se prolonga desde mayo hasta noviembre. Este valle de clima húmedo templado desciende de oeste a este a una altitud promedio de 1100 m.s.n.m. El promedio anual de precipitaciones es de 900 mm anuales, con un máximo en temporada estival. La temperatura media es de aproximadamente 23°C(74°F) en verano y 15°C (60°F) en invierno, aunque presenta además una gran amplitud térmica.

Las comunidades biológicas que actúan en el Valle de Lerma son una transición de las Yungas (Selvas de montaña ubicadas en el cordón oriental de la Cordillera de los Andes) y la Precordillera de los Andes.

Entre sus principales ríos figuran el Arenales y el Toro, mientras que en su borde suroriental se encuentra el segundo lago artificial más grande de la Argentina, el Cabra Corral. En el extremo norte del valle se sitúa el Gran Salta, además de otras importantes localidades como Rosario de Lerma, Campo Quijano, Cerrillos, El Carril, Chicoana, La Merced y Coronel Moldes. Por el norte el Valle de Lerma se conecta con la Quebrada de Humahuaca, y por el suroeste con la majestuosa Quebrada del Toro (que desciende desde la Puna de Atacama), y por el sur con los Valles Calchaquíes.

El Valle de Lerma alberga poco más del 50% de la población de la provincia (Provincia de Salta,1.440.672 habitantes según el Censo 2022). El aglomerado Salta-Cerrillos-Rosario de Lerma (Gran Salta) aglutina a casi la mitad de personas, convirtiéndola en la mayor metrópoli del área.

Allí se concreta, de manera clara e intensa, un proceso de mestizaje creciente entre indígenas y españoles, desde épocas de la conquista. También existe una población importante de origen europeo (especialmente españoles e italianos) y sirio libanés.También una numerosa colectividad de origen boliviano.

En el principal centro económico de la provincia, se destacan los cultivos de porotos, tabaco, maíz y soja. Éste constituye un centro neurálgico de comunicaciones dentro de la región del Noroeste Argentino.

El ferrocarril General Belgrano atravesaba gran parte del Valle, aunque en la actualidad solo funciona el tramo San Antonio de los Cobres-Viaducto La Polvorilla. Éste mismo coincide con el antigüo recorrido del Tren a las Nubes, que fuera uno de los principales atractivos turísticos de la provincia.

El crecimiento urbano experimentado en el Valle, ha hecho disminuir radicalmente el número de moradores rurales desde la década de 1950. Su población, crecida desde un sustrato fuertemente católico, tiene como fiestas principales las de los patronos de cada lugar y las del carnaval. En todas se filtran los aspectos culturales precolombinos aún existentes. Son expresiones populares muy difundidas, las de la música y el arte “criollo”, aunque muchas veces ya pertenezcan a ámbitos profesionales y comerciales de producción y circulación, y cuyos aspectos “mestizos” sean generalmente un barniz de lo español. En cambio, expresiones populares de gran difusión y raigambre, en especial entre gente de origen campesino, es el canto de coplas y bagualas, que, aunque su texto proviene del cancionero español, su música es americana como lo son las emisiones de las voces que las cantan. El término baguala provendría de bagual, el potro no domesticado. Se acompañan generalmente con un tambor llamado caja, y sus coplas se recuerdan, recrean e improvisan. Por otro lado, la expresión popular más numerosa y particular, está constituida por las comparsas de indios, que cantan vidalas comparseras, ejecutan danzas guerreras y desarrollan su actividad de manera casi excluyente para el carnaval.

Bagualas y Plumas

En los rincones del Valle de Lerma, como de otros muchos lugares del Norte, crecen al son de la caja, las coplas, las bagualas que pujan por salir desde la fiesta del Santo, la “señalada” (momento en que se aplica a los animales la marca o señal), el día de las almas, o el carnaval.
“La baguala es un potro/ tocado en las verijas/ que salta dando corcovos/ hasta que lo vence la fatiga/ Y el hombre le hace con ella / a sus penas más íntimas/ para que dejen de llover tristezas/ una cruz de ceniza” dice en Baguala Solamente, Antonio Nella Castro

Las comparsas de indios se originan hace más de un siglo, con las incursiones que los indios trabajadores de los ingenios, realizaban a la capital y a otros centros poblados para el carnaval. Se fueron desarrollando en una compleja interacción de relaciones, personajes, formación y vestimenta. Son figuras predominantes en los desfiles de carnestolendas y conforman conjuntos fastuosos de hasta más de 1000 integrantes. En la actualidad más de 20.000 habitantes de Salta y de otros pueblos pertenecen o están ligados a las “cofradías” (familias, artesanos del vestuario, etc.) que estructuran las comparsas

“Indios desindianizados, descendientes de indios, que niegan ser indios, pero se visten de indios desmesurados, ocupando imperativamente, por número y por dimensión de cada presencia individual, un espacio que normalmente les está vedado…

Con el tembladeral de los arcoiris brotados como cabellos de una medusa colosal, sus plumas estremecidas penetran el espacio con su índole de papagayos y quetzales fantásticos. Incrustan el cielo y los costados del aire a la altura misma de los ojos y las costillas de la gente. Sus plantas percuten la tierra con saltos de venado en celo, con corridas de corzuela huyente, herida. Atraviesan el aire, hipnóticos de danza de guerra. De la guerra interior que quiere matarse india de puro rezagada. Pero a fuerza de latido y de herencia inexorable se debate y finalmente embate los intersticios en que se agazapa el miedo.

Indios que ya no son indios, pero que invocan al indio que fueron, sacando sus honduras y lo hipertrofian según la leyenda que de él se forjaron, por ahora necesaria para poder ser en el mundo de los no indios. Ese mundo que convalidó su presencia ornamental de indios de comparsa, tal vez por creer que bajo la marisma de plumas, más que plancton, sólo existía la arena y la sal...” *

*Silvia Barrios. Visiones del País del Silencio. 2011

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